domingo, 19 de junio de 2011

¡Qué lástima!

¡Qué dolor de cabeza, de pies, de gemelos, de rodillas!

 El otro día, después de algunos aplausos, estuve cenando con varios amigos. Uno de ellos, actor desde que vino a este mundo y, posiblemente, hasta que desaparezca de él, me dijo que no le gustaba el cine español. Me sorprendió. ¡Pobre! Como si no tuviese derecho a decir que no le gustan películas como Torrente... Dejando a un lado la ironía, a continuación le pregunté si había visto Vida y color o Una palabra tuya. Negó, me dijo que las desconocía. Es más, al decirle que la segunda había sido dirigida por González-Sinde, se indignó:

-No me fío de alguien que ha escrito el guión de Mentiras y gordas y es la ministra de cultura.

Me callé, había sido un golpe sincero. Insistí, supongo en vano, en que viese ambas. Qué pena, ¿no, Luisa? Me da mucha lástima que películas tan buenas como las mencionadas queden en la sombra de taquillazos como Torrente. Pero eso gusta. Gusta verse reflejado en un ser corrupto. Ese es el problema: que es un taquillazo.

Luisa, espero que estés de acuerdo conmigo. El público se merece algo mejor. Y tú posiblemente me responderías que sí, pero que es el público quien decide. Y me darías varios ejemplos. Mujeres, hombres y viceversa, Gran Hermano, Sálvame, Sálvame Deluxe y las infinitas revistas que hablan de todo menos de la realidad. Y aquí, yo te pregunto, querida Luisa, los que quieren cambiar la actitud hacia la ignorancia, ¿qué deben hacer? Y, otra cuestión, ¿qué posibilidades tienen de llevar a cabo su proyecto?

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